Por Mario Rodríguez Padrés
Networker, escritor e inversionista
Si tú que me lees eres una persona casada, quiero hacerte una pregunta: ¿Te casaste cuando todo estaba perfecto? ¿Cuando ya tenías todo listo, todas las condiciones ideales? ¿O te casaste y después fuiste resolviendo las cosas necesarias en el camino?
Así funcionan todas las cosas importantes en la vida. El agricultor no espera tener el clima perfecto. Él siembra incluso con incertidumbre, enfrentándose a lluvias inesperadas o sequías. El ganadero no cría solo cuando el pronóstico es favorable. Se arriesga, cuida, trabaja y confía en el proceso.
Y, por supuesto, el emprendedor no empieza cuando todo está alineado.
Lo que vale la pena en la vida siempre inicia con una dosis de imperfección, incertidumbre, esfuerzo, y sí, muchas veces con faltantes. Porque la visión de lo que quieres lograr, de lo que sueñas construir, es más grande que cualquier inconveniente.
Muchas veces, nuestras mentes creativas e inteligentes usan la excusa de la perfección como un argumento perfectamente razonado para posponer el inicio. Es fácil justificarse diciendo: “Yo hago las cosas bien o no las hago”. Nos convencemos de que necesitamos todos los recursos, toda la información, la estrategia ideal y las condiciones perfectas antes de movernos. Y suena muy bien. De hecho, suena tan lógico y profesional que nadie podría cuestionarlo.
Pero la realidad no funciona así.
La vida es imperfecta. Los grandes proyectos, las cosas que realmente importan, no comienzan en condiciones ideales. Todos empezamos con proyectos imperfectos, con dudas, con faltantes, con aprendizajes por hacer. Y eso está bien, porque empezar, aún con todo lo que falta, es el inicio perfecto.
Si hoy no empiezas porque crees que no tienes las condiciones perfectas, la energía suficiente, toda la información, la convicción total, la emoción al 100%, la certeza absoluta, las habilidades ideales, la técnica perfecta, el plan infalible, el precio exacto o la plataforma más moderna… ¿cuándo crees que vas a empezar?
Esperar a que todo sea perfecto es apostar a nunca hacerlo. Haz como el agricultor. Haz como el ganadero. Haz como cualquier empresario que confía más en el potencial del camino que en las circunstancias del punto de partida.
Tienes una idea para emprender. Tienes el negocio listo. Tienes la información a tu alcance.
Ese siempre será el verdadero plan perfecto.
Empieza hoy. Porque todo lo que vale la pena comienza ahora, justo como es.
Por Mario Rodríguez Padrés
Networker, escritor e inversionista
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